Este tipo de cama, al no tener barrotes, permite al niño tener una visión más abierta de su habitación, lo que puede resultar tranquilizador. Según el carácter del niño, puede favorecer la conciliación del sueño, ya que se siente más implicado en su rutina para dormir. El ritual nocturno suele ser más fluido: tiene lugar en su cama, en su propio espacio de descanso. Un cuento, un abrazo, y solo queda cerrar sus ojitos.
Además, para los niños que se despiertan por la noche o las familias que practican el colecho, es más fácil acostarse a su lado para tranquilizarlos sin necesidad de sacarlos de la cama.
Por último, si tu hijo tiende a subirse a los barrotes de la cuna o a quedarse atrapado entre ellos, puede ser buena idea optar por una cama tipo casita.
Pequeños consejos :
Estas camas suelen ser amplias y pueden dar una sensación de vacío al principio. Sin embargo, puedes adaptarla para que sea más acogedora: por ejemplo, añadiendo una barrera lateral o una tela en la estructura tipo casita para dar una mayor sensación de seguridad.