La postura natural del bebé, incluso desde el útero, es la de estar enroscado. Ha pasado unos nueve meses dentro del vientre materno, una especie de casita en la que estaba completamente recogido sobre sí mismo.
Al nacer, el bebé pierde esta postura enroscada debido al nuevo entorno. Y sin embargo, es esta misma postura la que debemos favorecer, ya que respeta sus músculos, articulaciones y huesos, al tiempo que le brinda el confort que necesita. En esta posición, el bebé se relaja, se calma y está más disponible. Todo lo que deseamos para que el cambio de pañal sea un momento agradable, tanto para el bebé como para ti.
Cuando hablamos de enroscamiento aquí, es importante precisar que el movimiento debe partir de la pelvis. Esta zona ósea del cuerpo es la que permite que la parte inferior se acerque a la superior. Es el punto de conexión entre la parte alta y baja del cuerpo.
Un truco para saber si estás enroscando bien la pelvis de tu bebé: su espalda debe permanecer siempre en contacto con el cambiador, a diferencia del cambio clásico, y deberías poder pasar fácilmente una mano por debajo de sus nalgas.
Cambiar el pañal es un gesto que vas a repetir muchas veces al día durante varios años. Así que, ¿por qué no aprovecharlo para convertirlo en un momento de calidad, de relajación y de conexión con tu bebé? Y sobre todo, hagamos del bebé un actor activo en este momento, respetando su fisiología e intimidad.